jueves, 16 de mayo de 2013

Mi pecado

Confieso que cuento y recuento cada una de las estrellas que  iluminan tu destino porque temo que alguna se funda y te oscurezca el camino.

Confieso que te espero cada noche como si fuera la primera en que nos amamos porque yo no he perdido ni un ápice de la ilusión de explorar tu cuerpo y de sentir tu abrazo.
 
 
Confieso que recuerdo cada uno de los momentos amargos que me han tocado  porque así aprecio todos los buenos que me has regalado.
 
 
Confieso que guardo mi llanto por no provocar tu pena y que me encanta decirte con letras lo que ya sabes, lo que sospechas y lo que ni siquiera eres capaz de imaginar porque no se puede traducir lo que siente un alma apasionada.

 
Confieso que a veces creo que nuestro mundo es tan envidiado porque en él no hay nada perfecto, pero todos saben que hay algo mágico que lo impregna.

 
Confieso que velo tus sueños, que leo tus ojos, que busco tus besos, que siento tu aliento en todo momento, que añoro tu tiempo, que espero que un día podamos tener lo que nos negamos por miedo a tenerlo.


 

Confieso que mi único pecado es quererte como lo hago.


 

Y ahora, ponme tú la penitencia.
 
 
 
 
 
 
 
 
@Escritos

lunes, 13 de mayo de 2013

El hada del bosque

En el mundo de las hadas, Darabita es considerada una de las hadas más traviesas y juguetonas. Se puede pasar horas y horas en el bosque del Enebro moviendo las alas de un sitio a otro, buscando nuevos paisajes para sus juegos y rociando de polvo de estrellas a todo ser (viviente o no) que se encuentra a su paso.

El despliegue que hace de su magia es visible desde todos los puntos del bosque, porque va dejando un rastro brillante que no se puede esconder aunque quiera. Se ve desde muchos kilómetros. Y lo más importante: se nota su efecto aunque no creas en ella.

Pero, aunque no todo el mundo lo sabe, las hadas no son del todo perfectas y hay veces que se esconden hechas una pelotita porque están débiles, o tristes o, simplemente, necesitan de la compañía y del cariño de sus seres queridos. Y tampoco todo el mundo sabe que eso es lo que les hace ser tan encantadoras y únicas. Si reclamaran la atención a gritos, con lloriqueos o con chantajes -como hacen sus amigas las duendes- no serían tan atrayentes.

Hoy todo el mundo buscaba a Darabita y la llamaba sin cesar, rebuscando debajo de las hojas verdes, en el repecho del río donde a veces se mojaba los pies y en lo más alto del monte desde donde se ven las estrellas salir de paseo y volver corriendo a casa antes de que salga el sol a cegarlas.

Y es que hoy Darabita estaba pequeñita pequeñita (casi era invisible a los ojos humanos) y estaba comiendo a dos carrillos los frutos del árbol mágico del fondo del camino que le daban la energía necesaria para ser el hada incansable y bulliciosa que daba todo lo que tenía.

Cuando la encontraron, aquellas criaturas a las que ella daba día a día su alegría le regalaron una sonrisa, le miraron a los ojos borrando todo rastro de tristeza, y le dieron el perfume de su compañía sanando así las posibles heridas como hace el ombligo de Venus que posee aplicaciones medicinales bastante interesantes.




Eso era todo lo que necesitaba Darabita.


Volvió a su mundo soñado donde la soledad se disipa porque hay alguien que aún sueña con ella y cree firmemente en las hadas. Así que no tiene más que volar hacia allí porque un minuto en su piel es lo que necesita para darse cuenta de que realmente existe, de que no hace falta dormir para vivir en un sueño, de que no quiere volver a cerrar los ojos si no es abrazada a su recuerdo. De que las hadas tienen una misión en el mundo y que ella es y será, sea como sea, el hada del bosque del Enebro.






@Darabita

viernes, 10 de mayo de 2013

Cuando estamos juntos



Como los árboles y su sombra unidos por el pie, así somos tú y yo cuando estamos juntos.

En vertical hacia el goce contigo (el cielo).
En horizontal hacia al reposo merecido (el suelo).



Como un jardín salpicado de puntos de color, así somos tú y yo cuando estamos juntos.

Con el manto uniforme y verde que denota tranquilidad (el césped).
Con las pequeñas flores que son guiños inconexos de creatividad (los matices).




Como un lugar vallado en medio del campo abierto, así somos tú y yo cuando estamos juntos.

Recogidos al abrigo de miradas indiscretas (dentro).
Exponiendo nuestro amor sin que nadie se de cuenta (fuera).




Como una guía de madera sólidamente amarrada al cerezo, así somos tú y yo cuando estamos juntos.

Firmemente anclada al suelo para proteger lo que crece tímidamente (la razón).
Dulcemente acomodado uno a otro para darse apoyo consciente (el corazón).



Como un punto redondo de color azul con reflejos de luz, así somos tú y yo cuando estamos juntos.

Llenos de aire fresco que nos hace rebotar con alegría (la pelota).
Felices al vernos inmersos en un cuento de antología (la historia).



Muévete a mi ritmo, mientras yo te imito
como en esta danza mágica que he reescrito.


¿Bailamos?







@Escritos

martes, 7 de mayo de 2013

Con los cinco sentidos

Me acerco un poquito hasta ti.


Miro tu boca que me habla.
Oigo tu risa que me acaricia.
Huelo tu aroma que me despierta.
Toco tu piel que me estremece.
Saboreo tu dulce voz que me encandila.


Y pienso:
qué estarás haciendo,
a qué estrella darás brillo,
a quién regalarás tus palabras,
a qué saben ahora tus besos.


Te pienso, te toco

y me deslizo a tu lado.

Te veo, te observo
y te contemplo como un reto.

Te siento, te adi6vino
y evoco el calor de tus manos.

Te trazo, te coloreo
y dibujo con besos tu boceto.

Te oigo, te armonizo
y te convierto en canción.

Te huelo, te retengo
y te guardo en mi memoria.

Te suspiro, te deseo
y te reclamo a mi orilla.


Y de pronto levanto los ojos y no te veo por más que me empeño.
Porque todo esto no es real; sólo es un sueño.

Anoche te sentí muy cerca. No era real, pero sí muy cierto.

Porque incluso soñándote dejas mis cinco sentidos al descubierto.










@Escritos

lunes, 6 de mayo de 2013

El mapa del tesoro

Un día cualquiera recibes un mensaje de alguien que no conoces en tu correo electrónico (hoy en día lo de las cartas es muy romántico, pero poco práctico).

Al verlo, piensas que es uno de esos correos que llegan a cientos y que no valen para nada más que para llenar la papelera de reciclaje. Y aunque no sabes muy bien por qué, lo abres.

Te encuentras con un mapa de una zona que reconoces. Un lugar al que has ido muchas veces y en el que no puedes pensar que haya nada especial, más que árboles, pájaros, flores de colores y alguna que otra ardilla. Identificas el camino que hay al lado del río, el puente de piedra, la zona de árboles replantados, una caseta a medio derruir. Más allá, la casa grande hoy abandonada, la piscina natural (aquella en la que tantas veces de niño te bañaste y hoy está llena de piedras y lodo), el pozo seco, el gran olmo...y ves una cruz grande pintada en rojo y junto a ella la palabra "TESORO".

Piensas durante un rato qué hacer: ir a recorrer ese camino y buscar algo etéreo o eliminar el mapa y el mensaje. Porque seguro que es una broma de cualquier amigo, o una técnica publicitaria para venderte algo. Pero ¿y si fuera verdad? ¿y si en aquel paraje tan conocido y tantas veces recorrido antaño hubiera ahora un tesoro? ¿y si hubiera estado siempre tan cerca y no lo hubieras visto nunca porque nadie te lo hizo ver?

Después de darle muchas vueltas, te lanzas a la búsqueda. En todo caso no pierdes nada y puede ser una buena excusa para dar un paseo al aire libre.


Por supuesto, no dices nada a nadie, no vaya a ser que piensen que estás loco, pero coges el coche y te acercas hasta el lugar que tantas veces recorriste en bicicleta.

Cuando llegas al camino rural dejas el coche y empiezas a ascender, despacio, observando cada uno de los detalles de ese paisaje por el que has pasado tantas veces sin hacerle caso a los detalles. Comienzas a notar la dificultad del terreno y mientras vas avanzando y encontrando cada una de las pistas del mapa, piensas: ¿pero qué estaré haciendo aquí?. Vas con mucho sosiego, aunque parecería que deberías ir ansioso por encontrar el preciado tesoro; pero te invade la tranquilidad. Pisas terreno conocido.

Parece que por fin llegas al lugar que te marca el mapa: tres pasos a la derecha del olmo, una vuelta hacia el oeste y cuatro pasos más al norte (menos mal que sabes guiarte por el sol y no necesitas brújula).



 

En ese punto, tras una tupida cortina de hojas verdes y blancas, la tierra estaba removida como si alguien hubiera cavado recientemente. Tus manos buscan-ahora sí con impaciencia- y das con un pequeño cofre de esos de tapa redonda y llave de tubo (un auténtico cofre del tesoro).


Al abrir el cofre, supiste que, por fin, habías encontrado un tesoro: tu tesoro.

Dentro, aquello que siempre has sabido que estaba allí y que antes no habías considerado como una riqueza, hasta que alguien te ha hecho ir a buscarlo mandándote un mapa.

Porque a veces tenemos tesoros tan cerca, que no somos capaces de verlos. Quizá porque nos acostumbramos a tenerlo y nos parece de lo más normal que sea nuestro.




Ojalá todos sepamos encontrar nuestro tesoro.






@Escritos