En el mundo
de las hadas, Darabita es considerada una de las hadas más traviesas y juguetonas.
Se puede pasar horas y horas en el bosque del Enebro moviendo las alas de un
sitio a otro, buscando nuevos paisajes para sus juegos y rociando de polvo de
estrellas a todo ser (viviente o no) que se encuentra a su paso.
El
despliegue que hace de su magia es visible desde todos los puntos del bosque,
porque va dejando un rastro brillante que no se puede esconder aunque quiera. Se
ve desde muchos kilómetros. Y lo más importante: se nota su efecto aunque no
creas en ella.
Pero, aunque
no todo el mundo lo sabe, las hadas no son del todo perfectas y hay veces que se
esconden hechas una pelotita porque están débiles, o tristes o, simplemente,
necesitan de la compañía y del cariño de sus seres queridos. Y tampoco todo el
mundo sabe que eso es lo que les hace ser tan encantadoras y únicas. Si
reclamaran la atención a gritos, con lloriqueos o con chantajes -como hacen sus
amigas las duendes- no serían tan atrayentes.
Hoy todo el
mundo buscaba a Darabita y la llamaba sin cesar, rebuscando debajo de las hojas
verdes, en el repecho del río donde a veces se mojaba los pies y en lo más alto
del monte desde donde se ven las estrellas salir de paseo y volver corriendo a
casa antes de que salga el sol a cegarlas.
Y es que hoy
Darabita estaba pequeñita pequeñita (casi era invisible a los ojos humanos) y
estaba comiendo a dos carrillos los frutos del árbol mágico del fondo del
camino que le daban la energía necesaria para ser el hada incansable y
bulliciosa que daba todo lo que tenía.
Cuando la
encontraron, aquellas criaturas a las que ella daba día a día su alegría le
regalaron una sonrisa, le miraron a los ojos borrando todo rastro de tristeza, y
le dieron el perfume de su compañía sanando así las posibles heridas como hace
el ombligo de Venus que posee aplicaciones medicinales bastante interesantes.
Eso era todo
lo que necesitaba Darabita.
Volvió a su mundo soñado donde la soledad se
disipa porque hay alguien que aún sueña con ella y cree firmemente en las hadas.
Así que no tiene más que volar hacia allí porque un minuto en su piel es lo que
necesita para darse cuenta de que realmente existe, de que no hace falta dormir
para vivir en un sueño, de que no quiere volver a cerrar los ojos si no es
abrazada a su recuerdo. De que las hadas tienen una misión en el mundo y que
ella es y será, sea como sea, el hada
del bosque del Enebro.
@Darabita